La maestra llamó a la mamá de Tomás en la segunda semana de clases.
"Tu hijo no puede quedarse sentado.
Interrumpe constantemente.
Le pega a los compañeros sin querer."
Tomás tenía 6 años.
Y ya tenía una etiqueta.
Lo que sigue es un caso modificado para proteger la identidad. Tomás es el tipo de caso que más rápido llega a consulta — porque su TDAH hace ruido desde el primer día.
Y eso tiene un riesgo: que el sistema lo etiquete antes de entenderlo.
El perfil de Tomás en el aula
Primer grado. Escuela pública. Cuarenta minutos sentado en una silla es un tiempo enorme para cualquier niño de 6 años. Para Tomás, era imposible.
Se levantaba sin permiso. Gritaba las respuestas. Empujaba sin intención de lastimar — era el cuerpo que no esperaba señal del cerebro.
La maestra no era mala. Estaba desbordada. Y con 28 alumnos, Tomás era el que concentraba toda la energía del aula.
El TDAH hiperactivo-impulsivo es el más visible — y el más malinterpretado. Lo que parece mala conducta es el sistema nervioso funcionando sin frenos.
La mamá lo llevó al pediatra. El pediatra derivó a neurología infantil. El hospital público tenía tres meses de espera.
¿Cómo se llegó al diagnóstico?
Mientras esperaban el turno con neurología, la psicóloga del CIC sugirió una evaluación psicopedagógica escolar.
El EOE evaluó a Tomás en cuatro sesiones. Lo que encontraron:
- Hiperactividad motriz marcada — no podía completar ninguna tarea de escritorio sin levantarse al menos dos veces
- Impulsividad en respuestas — respondía antes de que el evaluador terminara la pregunta
- Inatención moderada — podía sostener atención en tareas de alta estimulación, pero no en papel
- Función ejecutiva de inhibición muy comprometida — no podía esperar su turno en ningún juego
Según DuPaul y Stoner (2014), el TDAH hiperactivo-impulsivo se presenta con mayor frecuencia en varones y suele ser evidente desde los primeros años escolares. El diagnóstico formal de Tomás llegó a los tres meses: TDAH, presentación hiperactiva-impulsiva (DSM-5-TR 314.01).
Tomás no era un chico difícil.
Era un chico con un sistema nervioso que todavía no tenía los frenos.
Eso no se corrige con disciplina.
Se trabaja con comprensión, estructura y tiempo.
Las adaptaciones que funcionaron en primer grado
El EOE y la maestra trabajaron juntos. No todas las adaptaciones se implementaron de golpe — se fueron incorporando de a una:
Ubicación estratégica: primer banco, cerca de la maestra, lejos de la ventana y del compañero más movido
Consignas breves: instrucciones de una sola acción a la vez. "Abrí el libro" — pausa — "buscá la página 12".
Tiempo de movimiento pautado: cada 20 minutos, Tomás podía levantarse a entregar algo o buscar un material. El movimiento incorporado al ritmo de la clase.
Refuerzo positivo inmediato: la maestra validaba cada pequeño logro en el momento — no al final del día.
Señal privada: acordaron una seña discreta entre Tomás y la maestra cuando él necesitaba un descanso.
Barkley (2015) enfatiza que las intervenciones conductuales en el aula son más efectivas cuanto más inmediata es la consecuencia (positiva o correctiva) respecto al comportamiento. La maestra de Tomás lo aplicó.
¿Qué hizo la familia en casa?
Se trabajó con los padres en psicoeducación y en estructura doméstica. Tres cambios concretos:
- Rutina visual en la puerta del cuarto: pictogramas de la secuencia mañana (levantarse, desayuno, mochila, zapatos, salida)
- Tiempo de actividad física antes de la tarea — Tomás corría 10 minutos antes de sentarse a hacer deberes
- Tarea dividida en bloques de 10 minutos con timer visible
"Al principio no creíamos que cosas tan simples pudieran funcionar. Pero a los dos meses la rutina de la mañana había dejado de ser un desastre."
¿Hubo medicación?
El neuropediatra evaluó la indicación a los seis meses del diagnóstico. Con la intervención psicopedagógica y las adecuaciones escolares implementadas, Tomás había mostrado avance significativo.
Se decidió no indicar medicación en primera instancia, con revisión trimestral. A los dos años del diagnóstico, sigue sin medicación y funciona bien con estructura.
Cada caso es diferente. Hay niños de 6 años que necesitan farmacoterapia desde el inicio para poder beneficiarse de cualquier otra intervención. Eso no hace a ningún padre menos capaz.
Lo más importante
Tomás llegó al sistema como "el niño problema".
Salió como un niño con TDAH bien comprendido y bien acompañado.
La diferencia la hizo entender qué era — y dejar de tratar de corregirlo como si fuera conducta.
“El TDAH hiperactivo no es mala conducta. Es el sistema nervioso esperando que el entorno le ponga estructura.”
Entender lo que le pasa es el primer paso para ayudarla.
Preguntas frecuentes
P:¿Se puede diagnosticar TDAH a los 6 años?
R:Sí. El DSM-5-TR requiere que los síntomas estén presentes antes de los 12 años, pero el diagnóstico puede hacerse en niños de 4 años en adelante si los síntomas son claros, persistentes y generan impacto funcional. A los 6 años, el contexto escolar aporta información clave.
P:¿La hiperactividad de los 6 años no es simplemente normal?
R:Hay hiperactividad típica de la edad y hay TDAH. La diferencia está en la intensidad, la persistencia (más de 6 meses), la presencia en múltiples contextos y el impacto funcional. Un niño de 6 años activo que puede sentarse en actividades que le interesan es diferente a uno que no puede esperar su turno en ningún contexto.
P:¿Es seguro medicar a un niño de 6 años?
R:Las guías de la Academia Americana de Pediatría (AAP) avalan el uso de metilfenidato en niños desde los 6 años cuando el diagnóstico es claro y la intervención conductual sola no es suficiente. En niños de 4-5 años, prefieren la intervención conductual como primer paso. La decisión siempre es médica e individualizada.
P:¿Qué son los pictogramas de rutina y dónde consigo los de TDAH?
R:Son representaciones visuales simples de cada paso de una rutina. Pueden imprimirse desde sitios gratuitos como ARASAAC (Portal Aragonés de Comunicación Alternativa y Aumentativa) o hacerse a mano con dibujos. La clave es que estén en el lugar donde se usa la rutina y que el niño participe en armarlos.
P:¿La técnica del timer funciona con niños tan pequeños?
R:Sí, con el timer correcto. Los timers visuales (como el Time Timer) funcionan mejor que los sonoros para niños de 5-7 años porque muestran el tiempo pasando visualmente. El niño no tiene que entender los minutos — ve que el color se va achicando. Eso ancla la espera.

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Lic. Julieta Dorgambide · Psicopedagoga y Directora Clínica de Educa Chubi
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