Te llamaron del colegio.
"Su hijo está haciendo bullying a otro compañero."
Y algo en vos quiere decir que no puede ser.
Y otra parte sabe que puede.
Las dos reacciones son válidas.
Lo que hacés con eso, define lo que sigue.
Descubrir que tu hijo es el agresor en una situación de bullying es uno de los momentos de crianza más difíciles. Porque activa, al mismo tiempo, defensividad y vergüenza.
Y ninguna de las dos es la respuesta más útil.
Lo que más importa en este momento es información: por qué ocurre, qué hay detrás, y cómo intervenir de forma que realmente cambie algo.
¿Por qué un niño hace bullying?
Los niños que agreden a sus pares de forma sostenida generalmente tienen alguna de estas motivaciones de fondo:
- Búsqueda de poder social. El agresor muchas veces tiene un perfil de liderazgo social fuerte — el bullying le da estatus en el grupo.
- Dificultades de empatía. No ausencia total, sino dificultad para conectar con el dolor del otro cuando el propio impulso es fuerte.
- Modelos de relación agresiva. Niños que viven en entornos donde la fuerza resuelve los conflictos aprenden ese modelo.
- Compensación de inseguridad. Algunos niños con baja autoestima real usan la agresión hacia otros como forma de sentirse más poderosos.
- Falta de consecuencias reales. Si el bullying nunca tuvo consecuencias significativas, no hay razón para parar.
El niño que hace bullying no es un monstruo. Es un niño con un problema de conducta que necesita ser abordado — no cubierto.
¿Qué no hacer cuando te enterás?
La reacción inmediata muchas veces es contraproducente:
- No minimizar. "Son cosas de chicos", "el otro exagera", "en mi época eso era normal". No son cosas de chicos. Y que antes fuera normal no lo hace aceptable.
- No interrogar en el auto de vuelta del colegio. El niño va a cerrar. Necesitás un momento neutral y sin presión.
- No reaccionar con castigo puro sin comprensión. El castigo sin entender la causa no modifica la conducta a largo plazo.
- No ponerse del lado del colegio contra tu hijo ni del lado de tu hijo contra el colegio. El objetivo es entender y resolver — no ganar.
Que haya hecho algo malo no lo hace una persona mala.
Hace que sea un niño que necesita intervención.
Y esa intervención la podés liderar vos.
¿Cómo intervenir?
Escuchar su versión primero, sin juzgar. No para justificarla — para entender el relato que él tiene de la situación.
Nombrar la conducta, no al niño. "Lo que hiciste dañó a X. Eso no puede volver a pasar." No: "sos un abusador."
Trabajar la empatía concretamente. No "pensá en cómo se siente el otro" — sino "¿recordás cuando a vos te pasó X? Así se siente X ahora."
Acordar consecuencias y reparación. No solo castigo — reparación activa: disculparse en persona, hacer algo por el compañero, perder un privilegio relacionado.
Coordinar con la escuela. El colegio necesita saber que los padres están interviniendo y cómo. La alineación entre casa y escuela es esencial.
Buscar ayuda profesional si el patrón es sostenido. Un bullying que lleva meses y no cede ante intervención requiere psicólogo o psicopedagoga.
¿Qué puede estar comunicando con la agresión?
Muchas veces la agresión hacia otro es una señal de que algo en el propio niño no está bien. Vale la pena preguntar:
- ¿Está sufriendo algo él también en otro contexto?
- ¿Hay presión de un grupo o un adulto que lo empuja a esa conducta?
- ¿Hay algo en casa que está generando mucha tensión?
- ¿Hay dificultades de aprendizaje no atendidas que generan frustración que se descarga en el otro?
El que hace bullying también está comunicando algo. No para justificarlo — para entenderlo y atajarlo.
Lo más importante
Que tu hijo haga bullying no define quién va a ser. Define que hay algo que necesita ser abordado ahora.
La respuesta más efectiva combina consecuencias reales, trabajo en empatía, coordinación con la escuela, y, si hace falta, ayuda profesional.
Lo que no se puede hacer es ignorarlo. El bullying que no se interviene, escala.
“Intervenir cuando tu hijo es el agresor es también un acto de amor — hacia él y hacia el que lo está sufriendo.”
Entender lo que le pasa es el primer paso para ayudarlo.
Preguntas frecuentes
P:¿Mi hijo va a ser siempre un agresor si hizo bullying?
R:No. Los niños que hacen bullying y reciben intervención adecuada — en casa y en la escuela — pueden cambiar el patrón. La investigación muestra que la intervención temprana tiene efecto real. Lo que mantiene el patrón es la falta de respuesta.
P:¿Debo disculparme yo con los padres del otro niño?
R:Eso depende del nivel de la situación y de lo que acuerden con la escuela. En algunos casos, una conversación entre familias ayuda. En otros, la mediación escolar es el canal más apropiado. Lo que sí es siempre necesario es que tu hijo se disculpe — pero en el momento adecuado y de manera genuina, no forzada.
P:¿La escuela puede expulsarlo por esto?
R:Las medidas de exclusión son el último recurso y en la mayoría de los países tienen procedimientos específicos. Antes de cualquier medida de ese tipo, la escuela debe haber agotado intervenciones de acompañamiento. Si la escuela va directo a la exclusión sin proceso, podés preguntar por el protocolo.
P:¿Puede ser señal de TDAH o TOD?
R:Sí. La impulsividad del TDAH y el patrón desafiante del TOD pueden expresarse en conductas de bullying. Si el patrón es persistente y no responde a intervención, vale la pena descartar o confirmar estas condiciones con evaluación especializada.
P:¿Qué rol tiene el grupo de amigos?
R:En muchos casos, el bullying ocurre en contexto de dinámica de grupo donde hay observadores que no intervienen o que refuerzan la conducta. Trabajar con el grupo — no solo con el agresor — es parte del abordaje efectivo. La escuela tiene responsabilidad directa en eso.

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Lic. Julieta Dorgambide · Psicopedagoga y Directora Clínica de Educa Chubi
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