Tu hijo dice que no puede respirar.
El corazón se le va rápido.
Tiene miedo de morirse.
Vos también tenés miedo.
Esto es un ataque de pánico.
Y lo que hacés en los próximos cinco minutos importa.
Un ataque de pánico (también llamado crisis de angustia) es un episodio brusco de miedo intenso con síntomas físicos — taquicardia, dificultad para respirar, mareos, sensación de irrealidad, miedo a morir o a 'volverse loco'. Dura entre 5 y 20 minutos y alcanza su pico en los primeros 10.
No es peligroso para la vida. Pero se siente como si lo fuera — para el niño y para quien está al lado.
Esta guía te explica qué hacer en el momento agudo, qué no hacer, y qué pasos dar después.
¿Qué es lo que pasa en el cuerpo durante un ataque de pánico?
El sistema nervioso autónomo — el que regula funciones involuntarias — se activa como si hubiera un peligro real. El cerebro emocional (amígdala) dispara la respuesta de 'lucha o huida': el corazón se acelera, la respiración se hace rápida y superficial, los músculos se tensan.
El problema: no hay peligro real. Pero el cuerpo no lo sabe. La sensación física es completamente real aunque el disparador no sea una amenaza objetiva.
El ataque de pánico no es teatro ni exageración. Es el sistema de alarma del cuerpo activado sin amenaza real.
La hiperventilación que suele acompañarlo agrava los síntomas: baja el CO2 en sangre, lo que genera mareos y hormigueos — que el niño interpreta como señales de más peligro, amplificando el ciclo.
¿Qué hacer en los primeros cinco minutos?
Tu calma es el primer recurso. Si vos también entrás en pánico, el sistema nervioso de tu hijo se regula con el tuyo.
Quedarte al lado. No dejarlo solo. Presencia física tranquila.
Hablar con voz baja y lenta. 'Estoy acá. Estás bien. Esto pasa. No te va a pasar nada.'
Guiar la respiración. 'Inspiramos juntos... lento... y soltamos muy despacio.' Si podés, hacelo vos también en voz alta.
No preguntar qué le pasa. En el pico del episodio el niño no puede analizar ni responder. Preguntar aumenta la activación.
No decirle 'tranquilizate'. Es lo que más angustia. En su lugar: 'ya está pasando, ya baja'.
Ofrecer contacto físico si lo acepta. Una mano en la espalda o tomarlo de la mano. Algunos niños prefieren no ser tocados — respetarlo.
Tu tono de voz hace más que tus palabras.
Tu cuerpo tranquilo regula el suyo.
No tenés que saber todo.
Tenés que estar presente.
¿Qué hacer cuando el episodio pasó?
Una vez que se calmó — y esto puede llevar entre 15 y 30 minutos después del pico — hay algunas cosas importantes:
- No analizar de inmediato qué pasó. Darle tiempo para volver.
- Validar sin dramatizar: 'eso debió haber sido muy asustador. Ya pasó.'
- No hacer el episodio el tema central de la tarde o la noche.
- Registrar mentalmente las circunstancias: ¿cuándo fue? ¿qué estaba haciendo antes? ¿es la primera vez?
Después del episodio lo mandé al colegio igual porque no quería que aprendiera a evitar. ¿Estuvo bien?
Depende. El primer episodio suele requerir un día de recuperación. La decisión de si vuelve o no tiene que hacerse con calma y si el niño está en condiciones. Lo que sí es cierto es que la evitación sistemática refuerza el pánico a largo plazo — pero forzar tampoco ayuda. El equilibrio requiere acompañamiento profesional si se repite.
¿Cuándo un ataque de pánico requiere urgencia médica?
Si es el primer episodio, conviene que un médico evalúe para descartar causas físicas (arritmia, hipoglucemia, hipotiroidismo). No porque sea probable — sino para tener la certeza y que el niño también la tenga.
Ir a urgencias si:
- El episodio dura más de 20 minutos sin bajar de intensidad
- El niño pierde el conocimiento
- Hay historial cardíaco o respiratorio previo
- El niño expresa pensamientos de hacerse daño durante o después del episodio
Lo más importante
Un ataque de pánico no es peligroso. Pero necesita acompañamiento profesional si se repite.
Si tu hijo tuvo más de un episodio, buscá evaluación de salud mental. El tratamiento — principalmente TCC — tiene excelente pronóstico cuando se interviene a tiempo.
Vos no tenés que resolverlo solo.
“El pánico que se enfrenta acompañado pierde poder mucho más rápido que el que se enfrenta solo.”
Entender lo que le pasa es el primer paso para ayudarlo.
Preguntas frecuentes
P:¿Los niños pequeños pueden tener ataques de pánico?
R:Sí. Se reportan desde los 5-6 años, aunque son más frecuentes en adolescentes. En niños pequeños pueden presentarse con síntomas más físicos (dolor abdominal, náuseas, sensación de ahogo) sin la verbalización del miedo a morir que caracteriza el cuadro adulto.
P:¿El ataque de pánico de mi hijo significa que tiene un trastorno de ansiedad?
R:No necesariamente. Un episodio aislado, en un contexto de alto estrés, puede ser una respuesta normal del sistema nervioso. El **trastorno de pánico** se diagnostica cuando hay episodios recurrentes + miedo anticipatorio a tener más episodios + cambios de conducta para evitarlos. Eso lo evalúa un profesional.
P:¿Qué no debo hacer durante un ataque de pánico de mi hijo?
R:Decirle 'tranquilizate', 'no es para tanto', 'estás exagerando', 'respirá normal' (sin guía concreta), o irte del lugar. También evitá llamar la atención de más personas sobre el episodio — el niño ya se siente suficientemente expuesto.
P:¿Los ataques de pánico pueden volverse crónicos si no se tratan?
R:Sí. Sin tratamiento, el miedo al propio pánico puede generar un ciclo de evitación que restringe la vida del niño progresivamente. Con TCC, la mayoría de los niños y adolescentes responden muy bien al tratamiento y pueden volver a funcionar con normalidad.
P:¿La medicación ayuda con los ataques de pánico en niños?
R:En casos severos o cuando la TCC sola no es suficiente, un psiquiatra infantil puede evaluar opciones farmacológicas. No es la primera línea para niños — la TCC lo es. Pero en cuadros de ansiedad severa, la combinación puede ser lo indicado.

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Lic. Julieta Dorgambide · Psicopedagoga y Directora Clínica de Educa Chubi
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